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Niñez del mundo: conversando con el fotógrafo Gabriele Galimberti

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

Piensa por un momento en tus juguetes de cuando eras más pequeño. Tal vez los organizabas, inventabas historias o creabas mundos completos en tu cabeza. Ahora imagina esto: ¿será que todos los niños del mundo juegan igual? ¿O lo que tienen para jugar dice algo más profundo sobre sus vidas?

Esa fue la pregunta que llevó al fotógrafo Gabriele Galimberti a recorrer el mundo con su cámara.

Su proyecto se llama Toy Stories (Historias de juguetes), y aunque suena simple, en realidad va mucho más allá de tomar fotos bonitas. Lo que hizo fue retratar a niños entre 3 y 6 años en sus propios espacios, rodeados de sus juguetes favoritos. 

Pero este proyecto no empezó como algo planeado.

En 2009, Gabriele iba a hacer un viaje largo por más de 60 países. Su idea inicial era documentar la hospitalidad de las personas, quedándose en casas en lugar de hoteles. Sin embargo, justo antes de salir, una amiga le pidió que fotografiara a su hija, Alessia.

Cuando llegó, encontró a la niña jugando en un establo. Sus juguetes no eran muñecas ni carros de juguete, sino herramientas de granja en miniatura. Esa escena le llamó tanto la atención que decidió repetirla en cada país que visitara.

Para que el proyecto tuviera sentido, definió algunas reglas claras: fotografiar niños pequeños de 3 a 6 años,, hacerlo en sus propios entornos y mostrar sus juguetes organizados como si fueran parte de su universo personal. Así, cada foto contaría una historia sin necesidad de explicaciones.

Y eso fue exactamente lo que pasó. El resultado son imágenes increíbles. Si quieres verlas dale click aquí

A medida que viajaba, Gabriele empezó a notar algo importante: aunque todos los niños juegan, no todos lo hacen en las mismas condiciones.

Por ejemplo, en Zambia encontró un grupo de niños que no tenían juguetes. Lo único con lo que jugaban eran unas gafas de sol que habían encontrado en la calle. Para ellos, eso era suficiente.

En Líbano, fotografió a un niño refugiado palestino que tenía un solo carrito. Nada más. Su familia quería que su historia fuera vista, que no quedara invisible.

Aquí aparece una pregunta incómoda pero necesaria:
¿tener más cosas significa ser más feliz?

La respuesta que encontró Gabriele es clara: no necesariamente.

Vio niños con muchos juguetes que no parecían más felices que otros con uno solo. Al final, lo que realmente importa no es la cantidad, sino lo que cada niño hace con lo que tiene. La imaginación, el juego y el significado personal pesan más que el precio o la cantidad.

Pero el proyecto también deja ver algo que no siempre queremos enfrentar: el mundo es desigual.

No todos los niños crecen con las mismas oportunidades. No todos tienen acceso a lo mismo. Y aunque esto suene obvio, ver esas diferencias en imágenes lo hace mucho más real.

Por eso Toy Stories sigue volviéndose viral cada cierto tiempo. No es solo por lo visual, sino porque obliga a mirar dos veces. A comparar. A preguntarse cosas.

¿Qué tenemos nosotros?
¿Qué valoramos?

Las fotos de Gabriele funcionan como un espejo. No solo muestran otras realidades, también nos hacen pensar en la nuestra.

Al final, hay algo que conecta a todos los niños del mundo: las ganas de jugar.

Pero las condiciones en las que lo hacen no son iguales.

Y ahí es donde este proyecto deja de ser solo arte y se convierte en una invitación: no solo a entender el mundo, sino a cuestionarlo.

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