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Tu cuerpo está cambiando… pero ¿sabes cómo te protege todos los días?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Tal vez últimamente has notado cosas raras en tí. Estás creciendo más rápido,tal vez tu voz esté cambiando, sudas más, a veces te enojas sin saber por qué o te da sueño a horas extrañas. Tranqui, sigues siendo tú, solo que ahora estás en la pubertad.

La pubertad es como cuando una casa entra en remodelación, hay ruido, cambios, movimientos y todo parece estar ajustándose al mismo tiempo. Tu cuerpo está creciendo, tus hormonas están trabajando sin descanso y, mientras todo eso pasa, hay un equipo secreto que sigue cuidándote todos los días: tu sistema inmunológico.

Sí, aunque no lo veas, dentro de ti hay un ejército silencioso.

Imagínalo así: mientras tú vas al colegio, juegas, haces tareas o ves videos en el celular, millones de pequeños “guardianes” recorren tu cuerpo buscando virus, bacterias y cualquier cosa que pueda enfermarte. Ese equipo se llama sistema inmunológico.

Estos guardianes microscópicos patrullan tu sangre, tus órganos y hasta tus ganglios. Su trabajo es simple, pero importantísimo, se encargan de defenderte de virus, bacterias y en general de enfermedades.

Cuando entra un virus, como el de la gripa, ellos lo detectan rápido. Algunos atacan de inmediato. Otros guardan memoria, como si tuvieran una libreta invisible donde anotan: “a este virus ya lo conocemos”.

Por eso, muchas veces tu cuerpo aprende a defenderse mejor con el tiempo.

Durante la pubertad no necesariamente te enfermas más, pero tu cuerpo sí está trabajando muchísimo. Las hormonas cambian, necesitas más energía porque estás creciendo rápido, el sueño se vuelve más importante y hasta el estrés puede afectar tus defensas.

Es como si tu cuerpo estuviera actualizando todo su sistema al mismo tiempo.

Por eso, si duermes poco, comes mal o te estresas mucho, tus defensas también lo sienten.

No es que tu sistema inmune sea más débil, sino que está trabajando a toda máquina mientras todo cambia por fuera y por dentro. 

Incluso la ciencia sigue descubriendo cosas nuevas sobre la pubertad. Durante mucho tiempo se pensó que todo dependía casi por completo de las hormonas y de una especie de interruptor en el cerebro que se activaba cuando llegaba el momento de crecer.

Pero una investigación publicada en la revista Science mostró que no era tan simple.

Los científicos descubrieron que unas células del sistema inmunológico llamadas microglía también tienen un papel importante en este proceso.

La microglía vive en el cerebro y funciona como un equipo de vigilancia, por eso muchas veces las llaman los “guardianes del sistema nervioso”. Su trabajo principal es revisar que todo esté en orden: detectan daños, limpian células que ya no sirven y ayudan a proteger el cerebro de amenazas.

Pero ahora se sabe que hacen más que eso.

Estas células también ayudan a que las neuronas se comuniquen mejor entre sí. Y algunas de esas neuronas son justamente las que se encargan de dar la señal para que empiece la pubertad.

Es como si la pubertad fuera un concierto: las hormonas serían los músicos principales, pero la microglía sería el equipo detrás del escenario que organiza las luces, el sonido y el momento exacto para que todo comience.

Eso significa que crecer no depende solo de tener cierta edad, sino de una coordinación muy precisa entre el cerebro, las hormonas y el sistema inmune.

Tu cuerpo, en realidad, está haciendo un trabajo muchísimo más complejo de lo que parece.

Muchas veces no es por la pubertad en sí, sino por los hábitos que aparecen en esta etapa.

Dormir tarde.
Saltarse el desayuno.
Tomar poca agua.
Mucho estrés escolar.
Pasar horas sentados.
No lavarse bien las manos.
Ignorar síntomas.

Todo eso hace que el cuerpo tenga más trabajo. Es como pedirle ejército que proteja un castillo, pero sin darles comida, descanso ni herramientas.Obvio se cansan y no van a poder rendir igual. 

Además, las emociones también cuentan.

Cuando te preocupas de más, estás triste o con ansiedad, tu cuerpo también lo siente. El estrés puede afectar el descanso y hacer que las defensas respondan peor.

Sentirte bien por dentro también ayuda a protegerte por fuera.

Tal vez has escuchado que las vacunas ayudan a prevenir enfermedades, pero en realidad hacen algo aún más genial: entrenan a tus defensas.

Las vacunas muestran al sistema inmunológico una versión débil o inactiva del germen para que aprenda a reconocerlo sin que tengas que enfermarte de verdad.

Tu cuerpo practica antes de la emergencia real. Así, si el virus aparece después, tus defensas ya saben qué hacer.

Por eso mantener las vacunas al día también es una forma de cuidarte.

A veces parece que crecer se trata solo de verse más grande o cambiar físicamente. Pero no.

Cuidarte también significa ayudar a tu cuerpo por dentro.

Dormir bien no es pereza.
Tomar agua no es aburrido.
Moverte no es castigo.
Hablar de lo que sientes no es exagerar.

Todo eso ayuda a tus defensas..

Mientras lees esto, tus células siguen trabajando. Mientras duermes, también.

La pubertad puede sentirse confusa, pero también es una prueba de que tu cuerpo sabe hacer cosas increíbles.

Y quizá la verdadera pregunta no es si tu cuerpo está cambiando, sino si tú ya empezaste a escucharlo.

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