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¿Los videojuegos también traen beneficios emocionales?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Durante mucho tiempo se ha dicho que los videojuegos son solo una distracción sin sentido o que aísla a las personas. Mientras sigue el debate sobre si pasar tiempo frente a pantallas es malo, nuevas investigaciones y experiencias muestran otra perspectiva: los videojuegos también pueden ayudar a manejar emociones.

En un contexto donde el estrés escolar, la presión académica y la ansiedad son cada vez más comunes, el gaming aparece como un espacio para desconectarse. No se trata solo de ganar o perder, sino de tener un lugar para relajarse y alejarse, por un rato, de los problemas diarios.

“Jugar me hace sentir mejor y me ayuda a quitar el estrés porque puedo hablar y compartir con mis amigos”, cuenta Angelo, estudiante del Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) en Medellín.

La experiencia de Angelo coincide con lo que dice el Informe Global Power of Play 2025, que analizó a más de 24.000 personas en 21 países. El estudio concluye que los videojuegos no son solo entretenimiento: también ayudan a reducir el estrés, mejorar la creatividad y adaptarse mejor a los retos.

Según el informe, el 66 % de las personas juega por diversión, el 58 % para liberar estrés y el 46 % para mantener la mente activa.

Por otra parte, la psicóloga Laura Martínez explica que hay beneficios menos visibles, pero importantes: “En los juegos se viven emociones intensas y se aprende a intentarlo una y otra vez. Eso puede ayudar a regular emociones y a desarrollar resiliencia”.

Además, los videojuegos fortalecen las relaciones sociales y desarrollan habilidades útiles en distintos ámbitos, como la educación, la medicina, la aviación y hasta el deporte profesional. También se usan para entrenar personas en entornos seguros y para facilitar el aprendizaje.

Un ejemplo es el de Gabriela Robles, quien cuenta que en el colegio su profesor de Química usaba Minecraft para aprender sobre elementos químicos. “No solo era jugar, también podíamos hacer experimentos sin riesgos reales, y eso hacía la clase más interesante”, explica.

A nivel mundial, el 55 % de las personas juega en el celular, sobre todo juegos de acción y rompecabezas. Casi la mitad de la población mundial juega videojuegos, y esta industria mueve enormes cantidades de dinero.

En Estados Unidos, más del 80 % de niños entre 5 y 12 años juega videojuegos, y en países como España la cifra es similar. En Colombia, según el DANE, en 2024 más del 60 % de la población jugó videojuegos.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que, en días de colegio, el tiempo de juego no supere una hora diaria, y máximo dos horas en días libres. Sin embargo, el promedio mundial está entre 3 y 4 horas al día.

Aunque los videojuegos pueden ser positivos, un uso sin control puede traer problemas. Entre los riesgos están la adicción, el sedentarismo, el insomnio, la ansiedad y el aislamiento social. En línea también existen peligros como el ciberacoso, estafas y exposición a contenidos violentos.

La psicóloga Laura Martínez señala que es importante ver los videojuegos como un pasatiempo, no como un enemigo. Advierte que hay señales de alerta: irritarse al dejar de jugar, descuidar responsabilidades, aislarse o dejar de disfrutar otras actividades.

Angelo y Gabriela coinciden en que la clave está en el equilibrio: cumplir primero con los deberes y luego jugar. Ambos reconocen que los videojuegos no son buenos ni malos por sí solos, sino una parte más de su vida diaria, con beneficios y riesgos que dependen del uso que se les dé.

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