
Durante muchos años, los países del mundo siguieron reglas parecidas para convivir. Estas reglas se crearon después de la Segunda Guerra Mundial para evitar nuevos conflictos grandes, como las guerras. Estados Unidos tuvo un papel importante en ese sistema. Ayudó a formar alianzas y organizaciones donde los países podían dialogar y tomar decisiones juntos.
Ese sistema definió un orden internacional que podría funcionar si los países aceptan reglas comunes y las respetan. Durante muchos años, este modelo permitió que los países se ayudaran en temas como comercio, seguridad y diplomacia. Sin embargo, en los últimos años, su funcionamiento empezó a cambiar.

Durante el gobierno de Donald Trump, Estados Unidos tomó varias decisiones que marcaron ese cambio. Se acercó políticamente a Rusia, publicó una nueva estrategia de seguridad que busca “hacer América grande de nuevo” y realizó una intervención en Venezuela. Estas acciones no fueron decididas desde los acuerdos internacionales sino desde el propio gobierno estadounidense.
Cuando los países no respetan los acuerdos, la convivencia se daña. Esto hace que cada país dependa más de su fuerza económica, política o militar. Así, algunos países buscan controlar zonas que quedan cerca de ellos para proteger sus intereses. A estas zonas se les llama esferas de influencia.
Estados Unidos, por ejemplo, ha buscado mantener su influencia en toda América, tanto en el sur como en el norte del continente. Por otra parte, Venezuela se volvió importante porque tiene mucho petróleo y por sus relaciones con otros países poderosos. Por eso, el caso venezolano se conecta con los cambios del sistema mundial.
Hoy, el orden internacional está en constante cambio. No está claro cómo funcionará en el futuro. Por eso, lo que ocurre en un país puede tener efectos en muchos otros.






