Selecciona tu nivel de lector

Los jóvenes de la Costa que se encuentran su camino en el rugby

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

“A mí el rugby me salvó la vida”. No es una frase cualquiera. Es la forma en la que María Angélica, una joven de 21 años de Tierralta, intenta explicar algo que no es tan fácil de poner en palabras.

Cuando tenía 12 años murió su mamá. Al año siguiente, su papá. Dos pérdidas seguidas que la dejaron en un lugar muy difícil. “Yo no me veía feliz”, recuerda. En ese momento, todo parecía detenerse.

Pero algo empezó a moverse cuando llegó a una cancha de rugby.

Puede que hayas visto este deporte alguna vez: un balón ovalado, jugadores que corren, choques fuertes, reglas que al inicio parecen raras (como que el balón solo se pasa hacia atrás). Desde afuera, puede parecer solo un juego físico. Pero si miras más de cerca, hay algo más pasando ahí.

El rugby no funciona sin equipo. Sin confianza. Sin alguien que te respalde.

Y eso fue lo que encontró María Angélica.

Si alguna vez has visto jugar rugby, probablemente recuerdes el balón ovalado, los choques fuertes y la intensidad del juego.  

Si no sabes nada sobre rugby no pasa nada. Te contamos. 

El rugby es un deporte en el que dos equipos de 15 jugadores compiten con un balón ovalado en una cancha grande. Se usan las manos más que los pies. 

El rugby nació en Inglaterra en 1823, cuando, en medio de un partido de fútbol, alguien decidió tomar el balón con las manos y correr con él. 

El objetivo principal es anotar puntos apoyando el balón en la zona de anotación (try), que vale 5 puntos, y luego intentar sumar más con una patada. Una de las más importantes es que el balón solo se puede pasar hacia atrás o a los lados.

También se pueden hacer puntos con penales o jugadas especiales. 

Aunque parece rudo por los choques, el rugby se basa mucho en el trabajo en equipo y el respeto por las reglas.

En Colombia, la selección nacional es conocida como Los Tucanes. Pero más allá de los equipos grandes, el verdadero crecimiento del deporte pasa en canchas pequeñas, como las de barrios donde los jóvenes buscan algo más que pasar el tiempo.

En Tierralta, el Club Armadillos es uno de esos espacios.

En el rugby no importa tanto cómo te ves o de dónde vienes. Hay espacio para distintos cuerpos, ritmos y formas de jugar. Todos cumplen un rol. Eso, que suena simple, no siempre pasa fuera de la cancha.

María Angélica lleva siete años jugando. Y aunque el deporte no borró lo que vivió, sí le dio otra manera de enfrentarlo.

“Ya no pensaba todo el tiempo en lo triste”, dice. Cambió su rutina, su forma de pensar, incluso la manera en que se veía a sí misma.

No fue mágico ni inmediato.  Aunque ha sufrido lesiones en el hombro y la rodilla, sigue adelante. «Cada vez que siento un tackle, siento como adrenalina en mí. Es algo que me gusta sentir», dice con orgullo.

Y eso dice mucho.

En el equipo encontró algo que va más allá del juego: una red. Personas que no juzgan, que acompañan, que empujan a seguir incluso cuando cuesta.

No todos llegan al rugby convencidos. Kevin Madera, de 17 años, es un ejemplo.

Al principio no le gustaba. Pensaba que era un deporte “sin sentido”. Pero aceptó una invitación y probó. Eso fue suficiente para que algo cambiara.

Hoy juega como “ala” (wing), una posición que exige velocidad y decisiones rápidas. Pero lo más importante no es lo que hace en la cancha, sino lo que ha aprendido fuera de ella.

“El rugby me ha ayudado a no tomar malas decisiones”, dice. En un entorno donde es fácil perder el rumbo, tener un espacio que te dé dirección puede marcar la diferencia.

Kevin no habla de salvarse en un sentido exagerado. Habla de pequeñas decisiones que, sumadas, cambian caminos.

El entrenador del equipo, Brian Cuadrado, lo tiene claro: ganar partidos no es lo principal.

El objetivo es otro. Que los jóvenes encuentren en el deporte una posibilidad. Que puedan estudiar, proyectarse, imaginar un futuro distinto.

Hoy, unas 30 personas hacen parte del club. 

El Club Armadillos ya ha ganado torneos departamentales. Pero los trofeos no son lo más importante, se trata de encontrar en el deporte una forma de construirse, formarse e incluso reconstruirse después de haber vivido situaciones difíciles. 

Y tú, ¿Crees que el deporte puede salvar vidas?

Si quieres escuchar, conversar y reflexionar sobre este tema:
¡haz click en el siguiente botón y descarga la guía de trabajo!

Descargar guía PDF