
Por: María Angélica Orozco
“A mí el rugby me salvó la vida”. Así empieza la historia de María Angélica, una joven de Tierralta, en Córdoba. No lo dice por decirlo. Lo dice porque este deporte llegó en un momento muy difícil.
Cuando tenía 12 años, murió su mamá. Al año siguiente, su papá. Fueron dos pérdidas muy duras. “Yo no me sentía feliz”, recuerda. Todo parecía oscuro. Pero algo empezó a cambiar el día que llegó a una cancha de rugby.
Tal vez has visto este deporte: un balón ovalado, jugadores corriendo, choques fuertes. Puede parecer rudo, pero el rugby es mucho más que eso. Es un juego donde el equipo lo es todo. Nadie gana solo.
Un deporte diferente
El rugby nació hace muchos años, en 1823, en Inglaterra. Dicen que en un partido de fútbol, alguien tomó el balón con las manos y salió corriendo. Así empezó todo.
El objetivo principal es anotar puntos apoyando el balón en la zona de anotación (try), que vale 5 puntos, y luego intentar sumar más con una patada. Una de las más importantes es que el balón solo se puede pasar hacia atrás o a los lados.
Pero hay una regla curiosa: el balón no se puede pasar hacia adelante, solo hacia atrás o a los lados. Eso hace que todos tengan que apoyarse.
Aunque hay contacto físico, el rugby también enseña respeto, confianza y trabajo en equipo.
En Colombia, la selección nacional es conocida como Los Tucanes
Un lugar para sentirse acompañado
Para María Angélica, el rugby no fue solo un deporte. Fue un espacio donde dejó de sentirse sola.
“Me sentí acompañada”, dice. Poco a poco, empezó a pensar menos en lo triste y más en entrenar, mejorar y seguir adelante. No fue fácil. Ha tenido golpes y lesiones, pero también ha descubierto su fuerza.
En su equipo, el Club Armadillos, aprendió algo importante: nadie juzga a nadie. No importa cómo eres o de dónde vienes. Todos tienen un lugar.
Kevin: una decisión que cambió todo
Kevin, de 17 años, también hace parte del equipo. Al principio, no le gustaba el rugby. Pensaba que era un deporte sin sentido. Pero un día decidió probar.
Y eso cambió su historia.
Hoy juega como wig (ala) , una posición en la que tiene que correr rápido y tomar decisiones en segundos. Pero lo más importante es lo que ha aprendido fuera de la cancha.
“El rugby me ha ayudado a tomar mejores decisiones”, cuenta. En su vida, el equipo se convirtió en una guía para no perderse.

Mucho más que ganar partidos
El entrenador, Brian, tiene claro que el objetivo no es solo ganar trofeos. Lo importante es que los jóvenes encuentren un camino.
En el equipo hay alrededor de 30 personas. Más que compañeros, son una comunidad. Se apoyan, aprenden juntos y crecen.
El rugby, en Tierralta, se ha convertido en algo más que un deporte. Es una oportunidad. Un lugar para empezar de nuevo.
Porque a veces, lo que parece solo un juego, puede cambiar una vida.
Y ahora piensa tú:
¿Crees que un deporte puede ayudar a alguien en momentos difíciles?





