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¿Prohibir redes sociales a menores de 16 años realmente funciona?

Ilustración: Isabella Meza Viana

Por: María Angélica Orozco

Seguramente has visto en noticias o en redes que algunos países están pensando en limitar el uso de redes sociales para menores de 16 años.

La idea suena sencilla,  si algo puede hacer daño, se prohíbe y listo. Pero cuando se trata de internet, las cosas no son tan simples.

Esta preocupación no salió de la nada. Cada vez hay más alertas sobre cómo el uso excesivo de redes puede afectar la salud mental, el sueño, la autoestima y hasta la forma en que nos relacionamos con otros. 

También está el tema del tiempo: muchos adolescentes pasan horas frente a la pantalla y menos tiempo haciendo otras actividades.

Por eso, algunos gobiernos han decidido actuar. Pero la gran pregunta es: ¿prohibir de verdad soluciona el problema?

«Deberían pedir el documento de identidad, como cuando uno abre una cuenta en el banco, para que se vea la fecha exacta de nacimiento», dice Luis, un joven de 22 años en Neiva, pero ese plan tiene sus fallas. Ya pasó en Australia.

Australia fue uno de los primeros países en intentar una medida fuerte: prohibir que menores de 16 años tengan cuentas en redes sociales. 

Para hacerlo, obligaron a plataformas como TikTok e Instagram a verificar la edad de los usuarios.

En teoría, todo sonaba bien. En la práctica, no tanto.

Muchos jóvenes encontraron formas de saltarse las reglas: usar VPN, crear cuentas con datos falsos o incluso engañar los sistemas de verificación. 

Según datos de la Fundación Molly Rose, más de la mitad de los jóvenes entre 12 y 15 años que ya tenían redes siguieron usándolas.

Además, surgió otro problema: algunos jóvenes y familias empezaron a cuestionar si esta medida limita la libertad de expresión. Para ellos, la solución no es prohibir, sino aprender a usar mejor las redes.

En Inglaterra, el debate sigue abierto. El gobierno no está convencido de una prohibición total. 

¿La razón? Temen que si se bloquean las plataformas más conocidas, nos vayamos a otras más peligrosas.

En lugar de prohibir redes, en Países Bajos decidieron empezar por algo más concreto: el uso del celular en los colegios.

Allí, muchos colegios aplican una regla clara: el celular se queda guardado durante toda la jornada. Nada de usarlo en clases, pasillos o recreos.

¿El resultado? Según reportes oficiales, los estudiantes se concentran más, hablan más entre ellos y ha bajado el acoso en redes dentro del colegio. 

No es una solución total, pero sí un cambio que ha funcionado en ese espacio.

Juan Sebastián, un joven de 19 años, asegura que el papel de los padres es «no darles celular a muy temprana edad», para así estar más pendientes de ellos y que no utilicen las plataformas desde tan pequeños. 

En Colombia no se está hablando de prohibir redes sociales, al menos por ahora. La idea va más hacia regular y acompañar.

La Ley 2489 de 2025 plantea que la responsabilidad no es solo de los jóvenes o sus familias. También involucra al Estado y a las empresas tecnológicas. 

El objetivo es que plataformas como TikTok, Instagram o YouTube sean más seguras para menores de edad.

Además, se creó un comité que analiza riesgos como el ciberacoso o el grooming, buscando formas de prevenirlos.

Hay algo clave que a veces se nos pasa, el problema no es solo cuánto usamos las redes, sino cómo están diseñadas.

Un caso en Estados Unidos lo dejó claro. Una joven demandó a grandes empresas tecnológicas porque, desde muy pequeña, pasó horas y horas conectada, lo que terminó afectando su salud mental.

En el juicio se habló de herramientas como el “scroll infinito”, que hace que nunca se acabe el contenido y sigas deslizando sin parar. 

El jurado concluyó que las plataformas tienen parte de responsabilidad porque están diseñadas para mantenernos conectados el mayor tiempo posible.

Cristina Escobar Correa, Directora de Protección Infantil de Red PaPaz, explicó que «el modelo actual no está funcionando para proteger a las niñas y niños» y recomienda algunas cosas: 

  • Aprender a cuestionar lo que vemos, no creer todo automáticamente.
  • Entender cuándo necesitamos desconectarnos.
  • Saber reconocer riesgos como el acoso o la manipulación.
  • Y algo clave: que no toda la responsabilidad caiga en los jóvenes. Las plataformas y los gobiernos también deben hacer cambios.

Al final, no hay una única respuesta. Cada país está probando caminos distintos: prohibir, regular, educar o combinar varias cosas.

Lo que sí está claro es que las redes hacen parte de nuestra vida. Por eso, más que desaparecerlas, el reto es aprender a usarlas mejor y hacer que sean espacios más seguros.

Y ahora la pregunta es para ti:
¿qué crees que funciona más, prohibir o aprender a usar las redes con más responsabilidad?

Si quieres escuchar, conversar y reflexionar sobre este tema:
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