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En Ibagué quieren poner reglas para usar el celular en el colegio

¿Te has dado cuenta de cuántas veces miras el celular en un día?

¿Y cuántas de esas veces eran realmente necesarias?

Esa es la pregunta que está detrás de una decisión que se está tomando en Ibagué y que podría cambiar la forma en que se vive el colegio.

El Concejo de la ciudad propuso limitar el uso de celulares y tabletas durante la jornada escolar, especialmente para estudiantes menores de 14 años. 

No se trata de eliminarlos por completo, sino de cambiar la lógica: pasar de un uso constante a un uso más intencional.

La decisión no es inmediata. Cada colegio tendrá hasta un año para definir cómo aplicarla, en diálogo con estudiantes, familias y profes.

A primera vista, parece una discusión sobre normas escolares. Pero en realidad, es una discusión sobre atención.

Hoy, las plataformas digitales están diseñadas para competir por tu tiempo. Notificaciones, videos cortos, scroll infinito. Todo está hecho para que vuelvas, otra vez, sin pensarlo demasiado.

En ese contexto, concentrarse se vuelve más difícil.

Y el aula no está fuera de esa lógica.

Por eso, la medida no solo busca mejorar notas. También intenta recuperar algo más básico: la capacidad de enfocarse, de sostener una idea, de estar presente sin interrupciones constantes.

Para Andrés Oviedo, líder juvenil en Ibagué, más que discutir la presencia de un celular en el aula, “debemos discutir la vigencia de nuestro modelo pedagógico

Para muchos profes, esto no es teoría. Es lo que viven todos los días.

Carlos Gutiérrez, docente con más de 40 años de experiencia, lo dice sin rodeos:
“Ya la gente abandonó la lectura del libro como tal en físico… ellos les dan mucha pereza la lectura”.

En su experiencia, el problema no es solo el celular en sí, sino la forma en que cambia los hábitos.

“Empiezan usándolo para algo académico y en segundos ya están en otra cosa”, dice.

El resultado es fragmentación: atención que se corta, ideas que no se terminan, procesos que se interrumpen.

Quienes apoyan la medida también señalan otro punto: no todos los espacios digitales son seguros.

El concejal Arturo Castillo, quien impulsó la iniciativa, explicó que el uso excesivo puede dejar a los jóvenes expuestos a entornos que no siempre saben manejar. Entre ellos, el ciberacoso.

Lo complejo es que estos problemas no se quedan en la pantalla.

Pasan al aula. A las relaciones. A la forma en que se convive.

Un mensaje, un comentario, una imagen… pueden cambiar completamente la experiencia escolar de alguien.

Lo que está pasando en Ibagué no es aislado.

Más de la mitad de los sistemas educativos en el mundo ya han tomado medidas para limitar el uso de celulares en colegios. Países como Países Bajos han impulsado acuerdos entre familias y escuelas para reducir su presencia en espacios comunes.

Pero lo interesante es que este debate no es solo de adultos.

Algunos jóvenes también están cuestionando la relación que tienen con sus dispositivos. No necesariamente para eliminarlos, sino para entender mejor cuánto control tienen sobre ellos.

Porque aquí aparece una tensión clave: el celular es herramienta, pero también puede ser dependencia.

Aquí es donde el tema se vuelve más complejo.

¿Limitar el uso del celular realmente soluciona el problema?

¿O simplemente lo traslada fuera del colegio?

Muchos estudiantes defienden que el celular puede ser útil: para buscar información, organizar tareas, aprender de forma autónoma.

Y tienen razón.

El problema no es el dispositivo.

Es el uso.

Por eso, en Ibagué no habrá una única respuesta.

Cada colegio tendrá que construir la suya.

Y eso abre una oportunidad: no solo imponer reglas, sino discutirlas.

Esta no es solo una conversación sobre celulares.

Es una conversación sobre hábitos. Sobre atención. Sobre autonomía.

Y, sobre todo, sobre quién toma las decisiones en tu vida cotidiana.

Porque al final, la pregunta no es si puedes usar el celular en clase o no.

La pregunta es más incómoda:

¿Eres tú quien decide cuándo usarlo o es el celular el que decide por ti?

Limitar el uso del celular puede ayudar.

Pero no es suficiente por sí solo.

Lo importante es lo que viene después: aprender a usar la tecnología con criterio, con conciencia y con intención.

Porque en un mundo donde todo compite por tu atención, saber enfocarte no es solo una habilidad escolar.

Es una forma de libertad.

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